• MJ Mora-Rey

Lo simple, lo más difícil.


Lo simple, lo más difícil.

Parece que lo más #simple lleva una connotación de poca garantía, debilidad, bajo vínculo, resultados inferiores, menor inteligencia.


Nada más lejos de la realidad.


¿Qué pasa en nuestros ámbitos de la vida? “simplemente” que no damos valor a lo “simple”. #Abrazar es simple, #sonreír es simple, #agradecer es simple, #reconocer es simple, #perdonar es simple, #ayudar es simple, #emocionar es simple. ¿Sin embargo algo de lo mencionado es fácil? Muchas veces confundimos simple con fácil. Sin embargo, no es lo mismo.


Lo simple es lo más difícil. Si no veamos; ¿cuántas veces queremos abrazar y no lo hacemos porque complicamos su significado o pensamos que nos va a hacer vulnerables? ¿Cuántas veces podríamos sonreír, sin más y no lo hacemos por mal humor o simple pereza? ¿Cuántas veces agradecemos por lo que recibimos “creemos” un derecho adquirido? ¿Cuántas veces reconocemos la realidad de lo que sentimos y lo que vemos? ¿Cuántas veces nos gustaría expresar el perdón y no lo expresamos por cabezonería, miedo o porque representa una supuesta debilidad? ¿Cuántas veces ayudamos cuando nos supone quizás, un mínimo esfuerzo? ¿Cuántas veces nos emocionamos o emocionamos a los demás con nuestra alegría o nuestro ánimo?


Se nos ha olvidado que lo simple es lo que nos hace felices. Hemos complicado tanto los compromisos, los procesos, los éxitos, las ventajas, en definitiva, la vida, que nos queda solo la complejidad. ¿Cuánto necesito? ¿Qué me falta? ¿Cómo lo consigo? ¿Hasta dónde puedo llegar?


Y quizás, solo quizás, puedan ser preguntas erróneas. Quizás no debamos preguntarnos tanto y sí abrir los ojos, el corazón y la mente a todo lo grandioso que nos rodea cada día.


Son los detalles simples, sencillos los que nos hacen disfrutar de la vida.

Cuando me preparan un café a mi gusto, si me llaman para preguntar qué tal estoy, disfrutando de esa cama mullida diariamente, compartiendo un silencio de tristeza, celebrando un tele aperitivo o una tele cena con tus amigos o tu familia, manteniendo una vídeo llamada con los que quieres.


Tantas pequeñas y “simples” cosas y que las consideramos tan insignificantes. Simples cosas que son “la sal” de nuestra identidad como personas y la “esencia” de nuestras relaciones humanas.


Volvamos a lo simple, no nos compliquemos, es lo que mejor resulta.

¿Difícil? Un reto más en nuestro camino a la felicidad.


MJ Mora-Rey | #Coaching

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